viernes, 20 de marzo de 2020

20 MÁS 20 IGUAL 4aRENTENA


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"Nos han encerrado en casa para no contaminar la calle. Así me lo explica mi prima Carmen. Pero si escucho a mi primo Ramón que se pasa el día lavándose las manos con un dispensador de jabón alcohólico, que no comparte con nadie, la calle está infectada y hemos de quedarnos en casa para escapar de la muerte. Ya te vale, le increpa mi prima Carmen, la muerte es esta privación de libertad. Mi primo contesta: llámale contagio, contagio que incrementará cada día las cifras de muertos. Se pasan las horas discutiendo y me tienen harta. No sé donde esconderme. El piso es pequeño, vivimos los tres con mi tía Adela, que ha ocupado la sala de estar con su ordenador y su teléfono porque está teletrabajando y no la podemos interrumpir. Nos quedan tres habitaciones, todas con camas, la de mi tía que tiene televisión y conexión a internet, la de mi primo donde solo entra el, y la que compartimos mi prima y yo. También está la cocina donde comemos, el baño que nos turnamos y el balcón donde no da el sol porque lo tapa la finca de enfrente, pero que al menos me sirve para escapar un rato de mis primos y conocer otra gente, la que también sale a los balcones de la calle. Me gusta cuando por la tarde nos juntamos todos a aplaudir, y también me he divertido mucho hoy cuando hemos salido con cacerolas y tambores, justo cuando hablaba el Rey de España por la tele, para hacer tanto ruido que nadie pudiese oír las idioteces que iba a decir. Como mis primos no me han dejado coger sartenes, he cogido dos tapas que sonaban como platillos. Me he hecho amiga de una vecina muy simpática, que cuando le da, sale y canta la canción “Sobreviviré” de Mónica Naranjo y lo hace bastante bien, yo siempre le aplaudo. A mi Mónica Naranjo me gusta y mi vecina también, es poco más mayor que yo, se maquilla para salir a cantar, y se viste como si fuese fiesta, aunque el otro día me dijo que el pantalón del pijama no se lo quita. Estoy en casa de mis primos porque mi madre y mi padre trabajan los dos en supermercados. Y cuando empezó esto del encierro dejaron de poder atenderme y además dice mi primo que son contagiosos y que prohibido que nos visiten. Mi tía Adela, también dice que es mejor así. A veces hablo con ellos por teléfono, suele ser por la noche, aunque el otro día mi madre me pidió el número de socio, y le dije ¿qué socio? Y me contestó, lo siento Blanca, estoy muy cansada, hablamos mañana, buenas noches. 
Quiero volver a mi casa. Quiero salir a la calle. No me gusta este encierro.
Se llama confinamiento. Les pregunto a mis primos ¿qué significa confinamiento? Y me contestan, no seas vaga y míralo en el diccionario, haz algo útil y de paso aprendes. ¡Qué amables mis primos!
Pues bien, como estoy aburrida, aburridísima eso hago, busco confinamiento en el diccionario del teléfono móvil que me presta mi prima, porque yo no tengo teléfono propio, se me cayó al wc justo el primer día de encierro y no funciona, ¡qué suerte la mía!!!
Y aunque sea por matar el aburrimiento, o por tener excusa para que mi prima me deje su teléfono un ratito más largo, me entretengo en copiar todas las definiciones que encuentro de la palabra confinamiento:
1 – Desterrar a alguien señalándole una residencia obligatoria.
2 – Recluir a alguien dentro de unos límites.
3 – Pena por la que se obliga al condenado a vivir temporalmente en libertad en un lugar diferente al suyo bajo vigilancia de la autoridad. 
Me dio tanto miedo la palabra confinamiento que quise aliviarme con mis primos. ¡Pero, qué va!
Ramón (mientras se rocía su loción de gel): ¡que tonterías tienes! a lo que hay que tener miedo es al virus que está en todas partes. 
Me recordó a la noche que pasé cuando era pequeña, que mi abuela me dijo que al demonio había que tenerle miedo porque estaba en todas partes. Y me pase toda la noche despierta dando saltos en la cama para que cuando el demonio llegase donde yo estaba, yo haberme marchado ya. Tenía cuatro años. Y pensaba entonces que siendo más rápida que el demonio no me alcanzaría nunca. ¡Qué nochecita pasé!
Carmen: si ya lo decía yo. Como dice María Galindo, la utopía del fascismo sucediendo en el inmediato presente. 
Ramón: mejor si hablamos de la distopia del Coronavirus. Somos los causantes, con nuestra irresponsabilidad, cada uno de nosotros con nuestro modo de vida, de este descontrol planetario.
Carmen: ¿descontrol? Control en mayúsculas querrás decir. Esto es un experimento en toda regla para someternos definitivamente.
Ay! Yo que sé. Ya empiezan otra vez mis primos. ¡Qué ganas de perderlos de vista!
Salgo al balcón"

X.A.G

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