sábado, 23 de agosto de 2008

"Cazadora de rostros".

En esa estación pasaba las horas ensimismada viendol@s pasar. Sus caras no reflejaban nada, apenas la prisa y el desinteres. Estudiaba los rostros con la desverguenza de una niña, intentando encontrar emociones pero solo una leve angustia se dibujaba en los más vivos.
Ella solo buscaba alguna sorpresa del destino y asi cada mañana se dejaba llevar y, con la ilusión de que algo le iva a suceder, caminaba con paso rápido hacia la estación, el lugar más bullicioso de su provinciana ciudad. La gente se movía arriba y abajo, un@s llegaban, otr@s marchaban y l@s menos se acercaban a despedir o recibir a algún@ viajer@: ¿amig@, compañer@, herman@?, su imaginación se esforzaba pero no conseguía desentrañar de esos rostros mudos ni tan siquiera el inicio de una historia apasionada.
Se sentaba en un banco de madera y esperaba a que alguien cansado se sentase a su lado para entablar conversación pero estas gentes no hablaban y la mayoría de las veces la miraban como si estuviese loca o peor como si fuese una persona entrometida y cotilla, lo peor era cuando llevaban niñ@s y no l@s dejaban acercarse, eso ensombrecía su vida no por unas horas, sino que luego pasaba dias y dias sin permitirse ir a la estación, su única distracción, odiando al mundo y a ella por estar sola, por necesitar de los demás y por la necedad del mundo; esos dias no soportaba ni la luz del dia y salía al atardecer esquivando las calles bulliciosas y persiguiendo una soledad de la que al mismo tiempo huía.
Le negaban la vida como si ya la hubiesen enterrado y su único delito fué no pertenecer a nadie, no podía soportar por mucho tiempo la compañía de nadie y no se lo perdonaron, l@s amig@s le fueron abandonado hasta no querer saber nada de alguien tan egoista, pero no era por egoismo que no quisiera acomodarse a nadie, simplemente su naturaleza fuerte y salvaje no se lo permitía, no soportaba tener que hacer cosas por compromiso, necesitaba vivir la vida como venía, sin programas, inventandola conforme se la encontraba, improvisando siempre. La seguridad para ella representaba la muerte.
Hoy la muerte estaba en la inmovilidad de su vida y en la ausencia de seres queridos siquiera amigos que le acompañasen en sus últimos años, porque ya era demasiado vieja para reinventarse y además le gustaba ser asi.
Un dia estaba distraida y a su lado se sentaron una familia muy excentrica: el hombre llevaba una cresta al estilo de los gallos, incluso era de color rojo y ella, la mama, estaba distraida en alguna extraña actividad que no alcanzaba a ver, mas tarde descubrió que hacía una especie de pulseras de colores con nudos, los niños estaban sucios y chillaban pero de pronto se acercaron a ella y nadie dijo nada; el pequeño más atrevidose se sento a su lado y al momento estaba con la cabeza en su falda riendo a carcajadas porque su hermano le hacía cosquillas y nadie decía nada. Se quedo por un momento rígida, el contacto humano hacía tiempo que no formaba parte de sus sentidos y le hizo temblar. No tardo nada en rehacerse y entablar conversación con los niños y la mama le miro con una cara tan dulce que de nuevo se sintió niña y se relajó y confiada jugó y rió a carcajadas como hacía años que no lo hacía.
Cuando se fueron se quedó dormida, agotada, como un niño después de un dia de feria y su sonrisa sin dientes iluminaba su cara, la única entre el bullicio que mostraba la vida con toda su fuerza aún despues de haberla abandonado.

1 comentario:

Moni dijo...

Como la vida misma, no sé cómo lo haces pero consigues que me identifique con tus historias :)