miércoles, 13 de agosto de 2008

"La sonrisa de carmin".

Todos los dias se levantaba a la misma hora, realizaba las tareas domesticas y buscaba la forma de pasar desapercibida durante el resto del dia; afortunadamente nunca se sintió sola con todos esos compañeros que su tia le iva a dejar en herencia, la única que ella ansiaba, a parte del nunca reconocido deseo de que su querida tia desapareciese de su vida.
Siempre tuvo mala suerte aún sin saberlo y todo se volvió en su contra cuando quiso ayudar y acompañar a su solterona y triste tia. No es que pensase que una debía casarse para ser feliz, nada más lejos de su intención; pero si supo cuando llevaba apenas tres semanas en esa casa que alli nunca se conoció nada parecido a la vida. Y esta se replegaría sobre su sobrina como algo inevitable, era su herencia además de sus queridos compañeros los libros que la tia había heredado del abuelo.
Cuando entró en la cocina sintió deseos de huir, algo le hizo recordar el tiempo en que vivian sus padres y todavía estaba permitido reir y en su rostro se dibujo una mueca, prefería no pensar en nada porque todo lo que quedaba en su memoria dolía; apenas podía acordarse de sus juegos, de alguna amiga, del colegio...solo el vacio, como si intentase rescatar la memoria de otra persona.
Seguramente esta locura era una pesadilla, conseguiría pintarse una sonrisa tras la puerta de la cocina y dibujarla con carmín mirandose en el reflejo del cuchillo pero solo sintió ganas de vomitar y después con el sabor agridulce entre los labios dormir.
Cuando desperto tuvo una extraña sensación, no sabía como había llegado a esa situación, poco a poco se había habituado a ser apenas y sin ruido, si se olvidaba de ella todo era más facil. Los libros le llevaban a tantos lugares, le hacían vivir tantas vidas que no ansiaba más que vivir lo suficiente como para poder leerlos todos, había tantos.
La casa era sombría y su tia no le dejaba abrir los balcones porque decía que la corriente era muy mala y el sol estropeaba la piel. Pero era primavera y ella iva a cumplir 23 años.
En el filo del cuchillo se pintó los labios y una sonrisa se dibujo en su rostro, se sintió hermosa y rebosante de vida y de repente supo lo que tenía que hacer. Busco su libro más querido y su hucha de cerdito, la tenía desde que era pequeña, y ya sin miedo solo dijo: "volveré tarde".

2 comentarios:

Moni dijo...

:) Hummm, me gusta lo que escribes, y a veces me pasa como a ella, me da miedo no tener tiempo para leer tantos y taaantos libros pero es que si lo hago no tengo tiempo para tener tanta y taaaanta vida, besines

txoni dijo...

Gracias Monica por los ánimos, siempre he escrito pero nunca he enseñado nada a nadie, no es nada del otro mundo pero me está gustando compartirlo.